Alex Mas

SUGIMAT

    El cumplimiento por parte de nuestro país de los objetivos de reducción de gases de efecto invernadero marcados por la Unión Europea para el próximo 2030 pasa, entre otros, por la descarbonización de parte de la industria nacional.

    En este sentido, los agrocombustibles, y más en un país como el nuestro, son un sustituto natural de los combustibles fósiles en lo que se refiere a la generación de calor industrial.

    Más allá del biocombustible sólido procesado como el pellet de madera o la astilla comercial, la industria, que siempre está sujeta a un ajuste de sus costes de producción, tienen una gran oportunidad desaprovechada en los agrocombustibles.

    La diferencia de precio por tonelada entre un biocombustible previamente procesado y un agrocombustible puede suponer la propia viabilidad de la instalación de biomasa dado que, en ocasiones, el coste de los agrocombustibles puede llegar a ser cercano a cero.

    Sarmiento, orujillo, gallinaza o pellet de paja son algunos ejemplos de agrocombustibles que por sus características son valorizables, pero exigen un tipo de caldera industrial y un sistema de combustión adaptado a cada caso.

    Desde el diseño de la tecnología de combustión, pasando por el sistema de limpieza y mantenimiento de la caldera industrial, hasta el método de depuración de los gases, las soluciones técnicas a emplear están íntimamente relacionadas con la naturaleza del combustible.

    Características como la humedad, la composición química o el porcentaje de impropios en el combustible obliga a un diseño propio ad hoc de cara a obtener un rendimiento óptimo de la instalación y un máximo de horas de funcionamiento anuales de la misma.

    Por tanto, la selección de estas soluciones técnicas adaptadas a diferentes agrocombustibles merece un estudio detallado de cara a afrontar la problemática de estos residuos.