José Antonio La Cal

BIOLIZA

Las industrias del sector oleícola, almazaras y extractoras de aceite de orujo principalmente, generan los siguientes subproductos en sus respectivos procesos productivos: producción de aceite de oliva y de orujo de oliva, respectivamente:

  1. Orujo graso y húmedo o alpeorujo, que representa el 80% aproximadamente en peso del total de la aceituna y que, por lo tanto, es el que se genera en mayor cantidad.
  2. Hueso de aceituna, extraído de la corriente del orujo previo salida de la almazara. Suele ser del 5% del total de orujo.
  3. Aguas residuales del proceso de elaboración del aceite y de la limpieza de instalaciones y patios.
  4. Hojín y ramas finas del proceso de limpieza del fruto en el patio.

De todos los citados, el más complejo de gestionar es el orujo, debido a las siguientes razones:

  • Es muy abundante, solamente en Andalucía (España), una de las principales regiones productoras de aceite de oliva, se generan de media unos 5 millones de toneladas anuales.
  • Se genera de manera estacional, lo que obliga a disponer de una logística de almacenamiento y procesado importante
  • Contiene una elevada cantidad de agua, en ocasiones superior al 70%, lo que dificulta su manejo (camiones especiales); a la vez que, requiere de ingentes cantidades de energía térmica para reducir este porcentaje hasta valores próximos al 10%.
  • Cada vez contiene menos aceite residual y menos hueso, como consecuencia de la optimización de procesos en las almazaras, lo que produce una merma de rentabilidad en las extractoras, destino principal del 100% del orujo generado por las almazaras.

A raíz de esta situación compleja, se están empezando a implementar diversas soluciones las cuales se pueden resumir en el esquema adjunto.

Las primeras se centran en el compostaje, la más empleada, y la digestión anaeróbica (en estudio varios proyectos en la península ibérica) o aeróbica, mediante el empleo de larvas (en fase experimental). Las segundas, son de tipo termoquímico y son fundamentalmente tres:

  • Combustión, en plantas de vapor según un ciclo Rankine, aptas para grandes potencias, por encima de 8-10 MWe.
  • Pirólisis, tecnología emergente y de la que ya existen referencias en España que permite obtener un producto denominado “biochar” y energía térmica excedentaria para fines industriales.
  • Gasificación, tecnología parecida a la pirólisis, que será posteriormente descrita en detalle, y a partir de la cual se obtiene un gas sintético o “syngas” de bajo poder calorífico (del orden de 1.300 kcal/Nm3), el cual, una vez tratado, puede ser usado con fines térmicos (en calderas), eléctricos (en motores) o para la producción de Hidrógeno verde.